Tu contador te odiará

Tu contador te odiará por leer esto

Vamos a hablar de tu contador.

Ese hombre (o mujer) de números. El guardián de tus facturas. El apóstol del Excel.

La persona que frunce el ceño cada vez que le hablas de una "idea nueva".

Tu contador es un tipo necesario.

Te mantiene fuera de la cárcel y te recuerda que el SAT no es tu amigo.

Pero hay que entender una cosa fundamental sobre él: tu contador, por diseño, odia el crecimiento explosivo.

Ama la previsibilidad. Adora las proyecciones lineales.

Su sueño húmedo es una hoja de cálculo donde los ingresos suben un 3% anual y los gastos están perfectamente controlados. Una calma chicha financiera.

Y tú, con tus ideas de "invertir en marketing", eres una amenaza para su paz mental.

Cada vez que ve una factura de "Agencia de Publicidad" o "Servicios de Marketing Digital", le da un tic en el ojo.

Para él, esa línea en el estado de resultados es un hoyo negro. Un capricho. Dinero que se quema en la hoguera de las vanidades para conseguir unos cuantos "likes" de tus tías en Facebook.

Y sabes qué es lo peor de todo.

Que el 99% de las veces, tiene toda la razón.

Hoy voy a explicarte por qué tu contador tiene razón en odiar tu marketing.

Y después, voy a darte las herramientas para que te odie todavía más, pero por las razones correctas.

Por las razones que te harán rico.

Índice
  1. La verdad incómoda: Tu marketing es un pasatiempo caro y tu contador lo sabe
  2. El cambio de mentalidad que hará que tu contador necesite terapia: Gasto vs. Inversión
  3. Las 3 razones por las que tu contador te odiará (y por las que deberías estar celebrando)
  4. Deja de ser el mejor amigo de tu contador
  5. El odio de tu contador empieza aquí abajito...

La verdad incómoda: Tu marketing es un pasatiempo caro y tu contador lo sabe

Seamos brutalmente honestos. Mira lo que has estado haciendo hasta ahora.

Probablemente caíste en la trampa de una de esas agencias de marketing "integrales" o "360°". Esas que tienen oficinas en Polanco o en San Pedro Garza García, con muchos jóvenes creativos que usan tenis caros y hablan con anglicismos.  

Te vendieron un paquete. Una "solución omnichannel". Te hablaron de "branding", de "storytelling" y de "engagement". Te hicieron un análisis FODA y te presentaron un Power Point lleno de gráficos de colores.  

Pagaste 50,000, 100,000 o más pesos al mes.

Y tu contador, al ver la factura, se tomó dos aspirinas y actualizó tu proyección de pérdidas.

¿Qué recibiste a cambio?

Unas publicaciones en Instagram con fotos de stock y frases motivacionales.

Un blog con artículos titulados "5 tips para ser más productivo" que nadie lee.

Y un reporte mensual lleno de métricas inútiles: alcance, impresiones, interacciones.

Tu contador mira eso y piensa, con toda la razón del mundo: "Este idiota está pagando una fortuna para que le digan cuánta gente vio una foto bonita.

Podría haber comprado una camioneta nueva para el reparto con ese dinero".

O quizás te fuiste por el otro extremo. El "barato".

Contrataste a una "agencia de contenidos" que te prometió "aumentar tu visibilidad en Google".

Te cobran por palabra.

Te entregan textos llenos de palabras clave, escritos por alguien a quien le pagan una miseria y que no tiene ni la más remota idea de lo que vendes.

Textos diseñados para gustarle a un algoritmo, no a un ser humano con una tarjeta de crédito en la mano.  

El resultado es el mismo. Más visitas a tu web de gente que solo estaba curioseando.

Cero ventas.

Tu contador ve esos gastos, por pequeños que sean, y los clasifica correctamente: "Fuga de dinero". "Desperdicio". "Hobby".

Así que sí, tu contador tiene razón.

El marketing que has estado haciendo es una basura. Un lujo que no te puedes permitir. Un gasto que solo te aleja de la rentabilidad.

Pero aquí es donde la cosa se pone interesante.

El problema no es el marketing. El problema es que has estado confundiendo "hacer ruido" con "hacer dinero".

Has estado pagando por decoración, cuando lo que necesitas es una máquina de demolición.

El cambio de mentalidad que hará que tu contador necesite terapia: Gasto vs. Inversión

Tu contador entiende perfectamente el concepto de inversión.

Si le dices que vas a comprar una nueva máquina que produce el doble de piezas en la mitad de tiempo, lo entiende. Es una inversión. Hay un retorno claro y medible (ROI).

Si le dices que vas a comprar el local de al lado para ampliar el negocio, lo entiende. Es una inversión. Aumenta el valor de tus activos.

Pero cuando le hablas de "marketing", él solo ve la columna de "gastos". Y es tu culpa. Porque hasta ahora, solo le has dado gastos.

Un texto que cobra no es un gasto. Es una inversión. Es un activo.

Es tu mejor vendedor. Uno que no duerme, no pide comisiones, no se enferma, no se queja y no se va con la competencia. Trabaja para ti 24 horas al día, 7 días a la semana, 365 días al año.

Imagina que contratas a un vendedor. Un tipo que es un tiburón. Cierra ventas sin parar. ¿Pagarle su sueldo es un gasto o una inversión?

Es una inversión, ¡Por Dios!.

Porque cada peso que le pagas, te trae cinco, diez o veinte de vuelta.

Eso es exactamente lo que hace el copywriting de respuesta directa.

Deja de pensar en tu página web como un folleto digital. Tu web es tu tienda principal. Y los textos de esa web son tu vendedor estrella.

  • Un texto que decora (gasto) dice: "Somos una empresa líder con más de 20 años de experiencia, comprometida con la innovación y la satisfacción del cliente". (A nadie le importa. Es ruido. Aburre.)  
  • Un texto que cobra (inversión) dice: "Estás harto de perder clientes porque tu sistema actual es lento y complicado. Nuestro software elimina ese dolor de cabeza en 7 días o te devolvemos tu dinero y el de la competencia". (Habla del dolor, es directo, hace una promesa y elimina el riesgo).

¿Ves la diferencia?

El primero es un gasto en ego. El segundo es una inversión en ventas.

Cuando empieces a invertir en palabras que venden, tu relación con tu contador va a cambiar.

Al principio, será escéptico. Verá la factura del copywriter y pondrá la misma cara de siempre.

Pero entonces, algo empezará a pasar.

Los depósitos en tu cuenta de banco empezarán a crecer. Primero un poco. Luego más. Y más. Las ventas que antes llegaban a cuentagotas ahora serán un torrente.

Y aquí es cuando el odio de tu contador empezará a florecer de verdad.

Las 3 razones por las que tu contador te odiará (y por las que deberías estar celebrando)

Cuando empieces a usar palabras que venden, le crearás a tu contador una serie de "problemas" que detestará con toda su alma.

1. Le vas a romper su precioso Excel de proyecciones.

Como dije, tu contador ama la previsibilidad. Tiene un archivo llamado Proyeccion_Financiera_20xx.xlsx. En él, ha calculado, con una precisión casi poética, cuánto vas a vender cada mes. Un crecimiento bonito, estable, del 5% anual.

Cuando tus nuevos textos empiecen a funcionar, esa proyección se irá al carajo.

Un solo email bien escrito puede generar las ventas de todo un mes.

Una página de ventas optimizada puede duplicar tu facturación en 90 días.

De repente, sus números ya no cuadran. Los ingresos se disparan de forma "anormal". Su modelo predictivo, su obra de arte, queda hecho añicos.

Te llamará, confundido y un poco molesto.

"Oye, ¿qué pasó en mayo? Tuvimos un pico de ingresos del 200%. No estaba en el plan. Esto me descuadra todo el cálculo de impuestos. ¿Qué hiciste?"

Y tú, con una sonrisa, le dirás: "Ah, sí. Fue un correo que mandé el martes".

Él no lo entenderá. Odiará esa imprevisibilidad. Odiará que algo tan intangible como "un correo" pueda tener más impacto que sus modelos matemáticos. Odiará tener que rehacer todo su trabajo.

Y tú deberías abrir una botella del mejor tequila que tengas para celebrar ese odio.

2. Lo vas a obligar a trabajar más (y a pensar en problemas de ricos).

Más ventas significan más facturas. Más declaraciones. Más conciliaciones bancarias. Más papeleo.

Su trabajo, que antes era una rutina cómoda, se convertirá en un caos. Tendrá que calcular pagos provisionales de ISR mucho más altos. Tendrá que empezar a planificar estrategias fiscales para optimizar la carga tributaria, algo que antes solo hacía para sus clientes grandes.

Un día te llamará con voz de fastidio:

"Felicidades. Por tu culpa, este año vamos a pagarle al SAT lo que no hemos pagado en los últimos cinco. Y tenemos un problema de flujo de efectivo".

Tú te asustarás por un segundo. "¿Problema? ¿Por qué?"

"Porque tenemos demasiado dinero en la cuenta de cheques sin hacer nada. Está perdiendo valor por la inflación. Tenemos que moverlo a una cuenta de inversión o empezar a comprar activos. Me vas a hacer trabajar el doble".

Ese es el tipo de "problema" que quieres tener. El tipo de problema que el 99% de los dueños de negocio en México sueñan con tener.

Tu contador te odiará por sacarlo de su zona de confort y obligarlo a lidiar con problemas de crecimiento, no de supervivencia. Te cobrará más por sus servicios, por supuesto. Y tú se lo pagarás con gusto.

3. Vas a desafiar su visión del mundo (y eso es imperdonable).

El mundo de un contador es un mundo de débitos y créditos. De activos tangibles y pasivos claros. Un edificio es un activo. Una máquina es un activo. Un coche es un activo (que se deprecia).

Tú le vas a presentar una idea que le resultará profundamente perturbadora: que unas cuantas frases bien ordenadas en una página web pueden ser el activo más rentable de todo tu negocio.

Más rentable que el local que posees. Más rentable que tu inventario. Más rentable que toda tu maquinaria junta.

Esta idea atenta contra las leyes de su universo.

¿Cómo puede algo que no se puede tocar, que no se puede inventariar, que no tiene un número de serie, generar tanto dinero?  

Es como si le dijeras a un ingeniero que se puede construir un puente con aire.

No lo aceptará fácilmente. Buscará otras explicaciones. "Fue la temporada". "Fue un golpe de suerte". "El mercado está cambiando".

Pero en el fondo, sabrá la verdad. Y lo odiará.

Odiará que tú hayas encontrado una palanca de crecimiento que él no puede medir con sus métodos tradicionales.

Odiará que hayas demostrado que el activo más valioso de una empresa no siempre aparece en el balance general.

Deja de ser el mejor amigo de tu contador

Tu contador es tu freno de mano. Es la voz de la prudencia. Y eso está bien para no estrellarte. Pero si quieres ganar la carrera, tienes que aprender a soltar el freno.

Seguir haciendo el marketing que has hecho hasta ahora es mantener contento a tu contador. Es darle la razón.

Es mantener tu negocio pequeño, predecible y seguro. Es jugar a no perder.

Invertir en copywriting de respuesta directa es empezar a jugar a ganar.

Es tomar la decisión consciente de crearle a tu contador el maravilloso problema de tener que administrar una avalancha de dinero.

Así que la próxima vez que hables con él, no le preguntes "¿En qué podemos recortar gastos?".

Pregúntale: "¿Estás preparado para que te rompa todos tus esquemas este año?".

La elección es tuya.

Puedes seguir siendo el cliente fácil, el que le da pocos problemas, el que encaja perfecto en sus proyecciones. El negocio que sobrevive.

O puedes convertirte en su peor pesadilla. En el cliente que lo obliga a actualizarse, a trabajar los fines de semana y a pensar en grande. En el negocio que prospera de una forma que él consideraba imposible.

Si estás listo para que tu contador te odie con todas sus fuerzas, entonces estás en el lugar correcto.

Pon tu correo aquí abajo. Te voy a enseñar, día a día, cómo usar las palabras para crearle a tu contador el tipo de problemas que ambos querrán tener.

Si prefieres seguir siendo su amigo y mantener tus números pequeños y ordenados, no hagas nada. Cierra esta página y vete a revisar tus facturas. Él te lo agradecerá.  

El odio de tu contador empieza aquí abajito...

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